Desde la serenidad…

Si nos paramos unos instantes y reflexionamos a cerca del sentido último de nuestros comportamientos, estaremos de acuerdo que en la mayoría de los casos las personas buscamos de una u otra forma la felicidad.

La sociedad actual nos invita a pensar que la felicidad se esconde en el futuro, que tras aquel objetivo está el ansiado objeto de felicidad.  Normalmente pensamos que cuando consiga tal o cual cosa seré feliz y, en la mayoría de los casos, emprendemos acciones que creemos nos conducen a conseguir el objeto deseado. De esta forma nos lanzamos a una carrera de obstáculos y sacrificios. En definitiva, nos esforzamos por lo que creemos es nuestro legítimo derecho a ser felices.

A menudo esta mentalidad nos conduce a situaciones de conflicto y de enfrentamiento, que abordamos con decisión, porque ¡qué es más importante que mi propia felicidad o la de mi familia! Ante todo está la ilusión de conseguir algo.

Pero, ¿realmente estoy siendo feliz  con ese estilo de vida?. La realidad es que la mayoría de las veces el concepto de felicidad creado en mi mente se convierte en una ilusión y su búsqueda en una quimera.

Detengamos esta narrativa por unos instantes. Hemos visto que la búsqueda de determinados objetivos nos lleva a situaciones que nos apartan de la propia felicidad, pero… ¿qué tal si dirigimos nuestra atención al día a día, a los pequeños detalles, a lo que estoy viviendo en cada momento? ¿Qué tal si en lugar de poner el foco de mi atención únicamente en el futuro, lo traigo al presente? ¿Qué te parecería detener por unos instantes tu ajetreada actividad diaria para comprobar si en la búsqueda de lo que deseas estás en un conflicto no deseado contigo mismo o con alguien cercano?

Cambiar el foco de atención hacia uno mismo, y comprobar con qué grado de conflicto vivo el día a día, se convierte así en una actividad imprescindible para tener una vida serena, en paz.

El desasosiego, el exceso de estrés, la ansiedad, el mal vivir en definitiva, proviene muy frecuentemente de haber olvidado que para conseguir mis objetivos no me puedo olvidar de mí mismo, de mi presente, de mi estado de ánimo actual. Creo que no es sensato traicionarse a uno mismo en búsqueda de una ilusión de felicidad que aún está por venir.

Invito al lector a que haga una reflexión, ¿realmente qué es más importante, alcanzar la meta o disfrutar del camino?

Desde mi punto de vista, los objetivos marcan un destino, pero la verdadera felicidad se encuentra en el día a día, en llevar una vida en paz. Experimentar la paz en el día a día, en cada instante, es posible. Se trata de habituarse a vivir con más serenidad, sosiego, paz interior, proponiéndose objetivos y esforzándose por alcanzarlos pero sin hacer de ellos la fuente de la felicidad, porque si me realmente me lo propongo, la fuente de mi felicidad ya está en mí, en la experiencia de paz interior, con sus vaivenes y sus conflictos.

Además, como sociedad, se hace necesario que las personas, sin renunciar a sus sueños, vivamos de otra forma. Los hechos nos demuestran que estamos esquilmando el planeta. El exceso de consumo, de adquirir para consumir y desechar nos está llevando a la quiebra radical del equilibrio en el planeta.

Otra forma de vivir se hace no sólo necesaria, en estos tiempos también es urgente.

La buena noticia está en que vivir de forma más serena, más pacífica, con menos grado de conflictividad externa e interna, más consciente del día a día, nos puede sacar de este atolladero en el que actualmente como sociedad nos encontramos y además ¡atención! puede hacernos más felices en el día a día.

Desde este punto de vista, se trata de llevar la atención también al interior, a los sentimientos y las necesidades más íntimas. Se trata de no dejarme arrastrar por lo que otros (normalmente la televisión o la publicidad) dicen que debo buscar, sino de encontrar la serenidad que hay en mí, y desde ese estado de calma y paz interior, descubrir qué es lo importante para mí y marcarme unos objetivos. Se trata de conjugar la felicidad en el día a día con la búsqueda de objetivos y el esfuerzo legítimo por conseguirlos. Se trata de fijarse objetivos reales, que surgen desde la serenidad interior y no vienen impuestos desde fuera, por una sociedad de consumo que nos lleva a la quiebra psicológica y a la destrucción del planeta.

Si conseguimos este estado de paz interior seguramente descubriremos que la verdadera felicidad no se encuentra muy lejos de lo que ya somos y que lo que necesito para ser feliz en el día a día no es otra cosa que experimentar la vida desde la paz interior.

Conseguir este estado de paz interior, no es una tarea sencilla. Requiere en primer lugar de una decisión. La decisión de vivir en paz.  Y a continuación practicar, practicar todos los días un nuevo estilo de vida en donde la paz interior se convierte en una prioridad y la serenidad y calma interior es previa y condición necesaria para cualquier objetivo o meta realista.

Para concluir, te propongo el siguiente ejercicio para probar los efectos de la serenidad en la toma de decisiones. Cada vez que detectes un conflicto con alguien o con algo, detente por unos instantes, lleva la atención a la respiración intentando encontrar la calma, observando tu estado emocional y cuando hayas conseguido sosegar el estado emocional alterado, intenta tomar una decisión desde la serenidad, desde la paz interior.

Como puedes comprobar, se trata de aplicar la sabiduría de antaño. El sentido común popular dice que es conveniente contar hasta diez antes de reaccionar. Para recordar el sentido de esta frase, considero conveniente añadir lo siguiente, cuenta al menos hasta diez, lleva tu atención a la respiración, busca el sosiego interior y desde ese estado emocional de mayor serenidad, toma la decisión.

Se trata de ir creando poco a poco espacios de paz en tu vida y en tu forma de afrontar los conflictos. No es tarea sencilla, pero estoy convencido que bien merece dedicarle un tiempo. Requiere sobretodo de una firme decisión de cambio y mucha práctica.

Otra forma de vivir no sólo es necesaria, ya es urgente. Desde la serenidad…

José María.

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Sobre la convivencia y los conflictos…

Es frecuente que al pronunciar la palabra conflicto sintamos de primeras cierto alejamiento o incluso un ligero malestar. El hecho de estar leyendo estas palabras ya supone cierta dosis de valentía, por lo cual te felicito.

Normalmente, la palabra conflicto, sólo por ser pronunciada, separa, aleja, divide…  Aunque en un primer momento esto es así, vamos a ver que detrás de los conflictos se esconde algo más.

En primer lugar, los conflictos son inherentes a la vida en sociedad. Existen como existe el amor y la paz y por tanto conviene atenderlos como una parte más de la convivencia.

Para empezar a profundizar algo sobre los conflictos, podemos hacer una gradación en su intensidad. De esta forma podemos hablar de crisis, tensiones, desencuentros, incomodidades, malentendidos… Creo que conviene llamar a la cosas por su nombre, pero muchas veces el nombre da el significado a las cosas. Si en lugar de conflictos nos sentimos más cómodos hablado de problemas, no veo ningún inconveniente en hacerlo así. En realidad, si te gusta la ciencia, hablar de resolución de problemas no te supondrá ningún obstáculo sino más bien al contrario.

Desde este punto de vista, el conflicto-problema se convierte en oportunidad. Oportunidad de avanzar en el conocimiento.

Llevemos ahora el conflicto al plano personal. Detrás de los conflictos normalmente hay necesidades insatisfechas. En el plano personal, el conflicto bien gestionando nos permitirá conocer a la otra persona y a nosotros mismos. El conflicto muestra la punta de iceberg de una realidad mayor que a menudo conviene conocer si realmente estamos interesados en la relación. Afrontar un conflicto requiere de valentía y, a menudo, merece la pena ya que nos mostrará algún aspecto de la otra persona que pide ser atendido y que se expresa de esta forma. El resultado en muchos casos será una relación más madura.

El conflicto también es una oportunidad de conocernos a nosotros mismos. En la situación connflictiva podemos descubrir qué necesidades tenemos insatisfechas. A menudo no somos conscientes de lo que pasa en nuestras necesidades cuando entramos en conflicto con alguien. En el conflicto bien gestionado, aprendemos mucho sobre nosotros mismos y cómo expresar al mundo aquello que necesitamos de forma empática y con resultados a favor de la convivencia.

En el conflicto también reside la raíz del cambio. La vida es cambio, es movimiento. Resistirnos al cambio es ante todo una ilusión. La tierra se desplaza a 30 km. por segundo alrededor del sol. Si reflexionamos un instante sobre este dato, pensar que en nuestro mundo hay algo estático se convierte en una fantasía, una percepción que nos sirve para otorgar sentido al mundo, pero que conviene saber que es sólo una percepción. El cambio forma parte de la vida y la vida a menudo nos muestra el cambio a través del conflicto.

Para concluir, te animo a hacer un ejercicio práctico. Evoca una situación de conflicto o controversia que hayas vivido y que creas que ha supuesto un cambio positivo en tu vida. Puede ser un malentendido con tu pareja, en el trabajo, en una reunión de vecinos…  Identifica que recursos pusiste en práctica para hacer de ese conflicto una oportunidad de crecimiento y convivencia. A modo de ejemplo, puede ser la escucha, atender mis necesidades y la de la otra parte, la empatía… Finalmente identifica en que aspectos concretos mejoró la relación.

En los próximos post iremos investigando sobre los conflictos y las herramientas que las personas tenemos de forma natural para hacerlos frente y convertirlos en oportunidades para crecer.

José María.

¿Paz y Convivencia? De qué va el blog.

En la sociedad actual es frecuente oír palabras grandilocuentes, abstractas, difusas y que se utilizan de forma ligera. El estado del bienestar, la justicia, el paro o la crisis son palabras con un gran contenido simbólico que necesitan de un contexto más preciso para poder interpretarse correctamente.

Reconozco que las dos palabras que han inspirado el título del blog “Paz y Convivencia” claramente pertenecen a este tipo de palabras. Al pronunciarlas siento que es como pedir prestadas al universo simbólico que representa el leguaje dos palabras de enorme calado para, desde mi historia particular y mi propia perspectiva, dar un contenido más personal y preciso a su significado, con la responsabilidad que esto supone y desde la humildad que se necesita para llevar a cabo esta tarea.

En las próximas líneas quiero, por lo tanto, aunque sea brevemente, señalar a qué me refiero cuando las utilizo.

La primera palabra es PAZ.

Cuando evoco la palabra Paz lo que me viene a la mente es un estado de ánimo, un sentir, una forma de estar.

La paz, en este sentido, es equiparable a la paz interior, a esa sensación que reside en cada persona y que la mayoría de nosotros hemos sentido algunas veces.

Es posible sentir ese estado de paz mirando al mar, dando un paseo por el campo o contemplando la belleza en algo, cada persona puede encontrar su lugar o momento de paz. Lo que defino aquí como paz  podría expresarse asociado a serenidad, equilibrio, bienestar o aceptación.

En la vida podemos disfrutar de muchos momentos de paz, en soledad y en compañía, pero es frecuente que en las relaciones entre personas haya tensiones y conflictos; y está bien que sea así porque es algo natural y forma parte la propia dinámica de la vida en sociedad.

La segunda palabra es CONVIVENCIA.

Para mi la convivencia equivale a colaboración, es la expresión armónica del movimiento de la vida, son acuerdos, es respeto, es tolerancia.

La convivencia así entendida presupone interpretar y abordar los conflictos como elementos naturales al desarrollo de la vida en sociedad.

Efectivamente, Paz y Convivencia son dos palabras grandilocuentes, que dicen mucho y pueden no decir nada, pero que poco a poco van tomando un sentido particular cuando se las observa, se sienten, se elaboran, se entienden, se relacionan o se reflexionan desde la propia vivencia.

Comienza así, mi viaje personal en torno a este blog sobre la Paz y la Convivencia. Estaré encantado si con ello consigo aportarte algo sobre este tema.

José María.